Omar Farías Luces: El impacto del estrés calórico en el ganado

Omar Farías Luces: El impacto del estrés calórico en el ganado

Omar Farías Luces asegura que en el vasto mundo de la ganadería, donde el sol acaricia los pastizales y el viento susurra entre las reses hay un enemigo invisible que acecha con sigilo: el estrés calórico.

No lleva botas ni sombrero, pero su presencia se siente en el sudor de las vacas, en el jadeo de los terneros y en las cifras que, al final del día, no cuadran en el balance del ganadero.

LEE TAMBIÉN: Omar Farías Luces: Cómo los collares inteligentes revolucionan la ganadería

¿Qué es el estrés calórico y por qué debería preocuparnos?

Imagina por un momento que eres una vaca lechera pastando bajo un sol abrasador. Tu cuerpo, diseñado para rumiar tranquilamente y producir leche o carne, empieza a sentir el calor como un peso insoportable.

El estrés calórico ocurre cuando la temperatura y la humedad ambiental superan la capacidad del animal para disipar el calor que genera su propio metabolismo. En términos simples, es como si el ganado estuviera atrapado en una sauna sin botón de apagado.

Para las vacas, los cerdos, las ovejas y hasta las gallinas, este fenómeno no es solo una incomodidad pasajera; es una amenaza directa a su salud, productividad y bienestar.

En regiones donde los veranos son cada vez más largos y sofocantes —algo que el cambio climático no hace más que agravar—, el estrés calórico se ha convertido en un tema inescapable.

No discrimina entre pequeños productores ni grandes operaciones comerciales; afecta a todos por igual. Pero, ¿qué pasa dentro del cuerpo de un animal cuando el termómetro se dispara? La respuesta está en la biología y en los números.

El cuerpo bajo presión: Los efectos fisiológicos

Cuando el calor aprieta, señala Omar Farías Luces, el ganado activa sus mecanismos naturales de enfriamiento: jadea, suda (en el caso de especies como los caballos o cerdos) y busca sombra desesperadamente. Sin embargo, estos esfuerzos tienen un costo.

El ritmo cardíaco se acelera, la respiración se vuelve superficial y el cuerpo desvía energía de funciones esenciales como la digestión o la producción de leche hacia la simple tarea de mantenerse fresco.

En vacas lecheras, por ejemplo, la producción de leche puede caer entre un 10% y un 35% durante episodios severos de estrés calórico. ¿Te imaginas el impacto de perder un tercio de tu ingreso diario solo porque el sol decidió no dar tregua?

Pero no se detiene ahí. El sistema inmunológico también sufre. Las reses estresadas son más propensas a enfermedades, desde infecciones respiratorias hasta mastitis. En terneros jóvenes, el calor excesivo puede retrasar el crecimiento, mientras que en vacas gestantes aumenta el riesgo de abortos o partos de crías más débiles.

En el caso del ganado de engorde, el apetito disminuye, lo que se traduce en menor ganancia de peso. Cada bocado que no comen es un kilo que no se suma a la báscula, y en un negocio donde los márgenes son ajustados, eso duele.

Más allá de la biología: El impacto económico y ambiental

Hablemos de dinero, porque al final del día, la ganadería es tanto pasión como negocio. El estrés calórico no solo reduce la producción; también dispara los costos. Mantener a los animales frescos requiere ventiladores, aspersores, sombra artificial y, en algunos casos, sistemas de enfriamiento sofisticados.

Todo eso suma facturas de electricidad y agua que no estaban en el presupuesto original. Y si el ganado enferma más a menudo, ahí vienen los veterinarios, los medicamentos y las pérdidas por mortalidad.

En un estudio reciente, se estimó que las pérdidas anuales por estrés calórico en la industria lechera de Estados Unidos superan los 1,500 millones de dólares. Imagina lo que eso significa para países con menos recursos para adaptarse.

Desde el punto de vista ambiental, el panorama tampoco es alentador. El ganado estresado emite más metano por unidad de producto —ya sea leche o carne—, porque su eficiencia metabólica se desploma.

En un mundo que exige reducir la huella de carbono, el estrés calórico nos empuja en la dirección contraria. Y no olvidemos el agua: los animales sedientos beben más, lo que tensiona los recursos hídricos en regiones ya castigadas por la sequía.

El factor humano: El ganadero en el ojo del huracán

Ahora, ponte en mis botas por un instante. Eres un ganadero que se despierta al alba, revisa el pronóstico y ve que los próximos días traerán temperaturas de 35°C con un 80% de humedad. Sabes que tus vacas van a sufrir, y con ellas, tu tranquilidad.

El estrés calórico no solo afecta al ganado; también pesa sobre los hombros de quienes las cuidan. He visto a amigos en el oficio pasar noches en vela, ajustando ventiladores, llevando agua fresca a los corrales o simplemente mirando al cielo, rogando por una nube que nunca llega. Es una lucha que mezcla ciencia, intuición y un toque de esperanza.

Pero no todo es fatalidad. Los ganaderos somos resilientes, y donde hay un problema, buscamos soluciones. El estrés calórico puede ser un gigante, pero no es invencible.

Estrategias para combatir el calor: del corral al futuro

La clave está en la prevención y la adaptación. Primero, el diseño del entorno. Sombras naturales como árboles o techos artificiales son un salvavidas. En mis años como ganadero, he visto cómo un simple techo de lámina puede bajar la temperatura percibida por las vacas hasta 10°C.

Los ventiladores y aspersores, bien usados, también hacen maravillas, especialmente en establos lecheros. Eso sí, hay que calcular bien el costo-beneficio; no todos tienen el capital para instalar un sistema de punta, pero incluso soluciones caseras —como mangueras perforadas para rociar agua— pueden marcar la diferencia.

La alimentación es otro frente de batalla. Durante olas de calor, ajustar las raciones para incluir más energía concentrada y menos forraje fibroso ayuda a reducir el calor que genera la digestión.

Dar de comer en las horas frescas del día, como al amanecer o al anochecer, también estimula el apetito. Y no subestimes el poder del agua: bebederos limpios y accesibles son tan vitales como el pasto mismo.

La genética también juega su papel. Razas como el Brahman o el Senepol, adaptadas a climas cálidos, resisten mejor el estrés calórico que las Holstein o Angus puras.

Cruzar estas razas puede ser una inversión a largo plazo para quienes operan en zonas tropicales o semiáridas. Sin embargo, no basta con cambiar el ganado; hay que cambiar nuestra mentalidad. Monitorear índices como el de Temperatura-Humedad (THI) nos da una ventaja para anticiparnos al problema antes de que las reses empiecen a jadear.

Una mirada al horizonte: Tecnología y sostenibilidad

El futuro de la ganadería pasa por la innovación. Sensores que miden la temperatura corporal del ganado en tiempo real, drones que evalúan la cobertura de sombra en los potreros, e incluso aplicaciones que predicen picos de calor están al alcance de los productores más audaces.

En el horizonte, la edición genética promete animales más resistentes al calor sin sacrificar productividad. Pero mientras esas herramientas llegan a las manos de todos, la sostenibilidad debe guiarnos. Plantar árboles en los pastizales no solo da sombra, sino que captura carbono y mejora el suelo. Es un ganar-ganar que beneficia al ganado, al planeta y a nuestra conciencia.

El calor no nos vencerá

El estrés calórico es un adversario formidable, pero no insuperable. Como ganaderos, nuestro oficio nos enseña a leer la tierra, el cielo y a nuestras reses.

Cada mugido, cada litro de leche, cada kilo ganado nos cuenta una historia, y hoy esa historia nos pide actuar. Con sombra, agua, ingenio y un poco de ciencia, podemos proteger a nuestro ganado y asegurar que la ganadería siga siendo el corazón de tantas comunidades.

El sol puede arder, pero nuestra voluntad arde más fuerte. Así que, la próxima vez que el calor apriete, recuerda: no estás solo en esta lucha, y juntos, reses y ganaderos, saldremos adelante.

Sigue la cuenta de Instagram de Omar Farías Luces

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *